Las secuelas de Febrero

Acaba febrero, acaba su vida...

Con el mes de febrero acaba la temporada de caza y las herramientas usadas para este fin se guardan hasta nuevo aviso. Los cuchillos, las armas, la ropa y botas de campo... Son objetos fáciles de guardar, seguramente teniendo un pequeño armario o cómoda en tu casa tienes más que suficiente. Las lavas, les quitas la sangre como si fuera simple barro y lo guardas. 
Seguramente, la herramienta principal usada para cazar, la pieza clave que ha servido en la labor, es algo más difícil de apartar... El perro.


Ese ser, de ya cierta edad, o no tanta, pero que ha estado a nuestro lado tantos días en busca de presas que nos resulten interesantes de matar, si no tiene una funcionalidad para mi ¿De qué me sirve? No puedo guardarlo, en una jaula ladra demasiado, molesta. Además, tengo que darle de comer, es un gasto inútil, no tengo porque asumirlo. Si no tengo la suficiente paciencia para aguantarlo hasta la siguiente temporada o simplemente he considerado que ya no me sirve más, ya no me es útil, porque al fin y al cabo, es una simple herramienta más, pues actuaré como si así fuera, la tiraré. Y en este punto hay dos opciones en función de la mentalidad (sanguinolenta e irresponsable) que tenga:

  >  Abandonarla en cualquier lugar apartado que encuentre. Esta sería la opción menos mala, dentro del horror del acto, ya que al menos le das una remota posibilidad al animal de buscarse la vida y poder tener una segunda oportunidad. Algún animalista de esos locos podría encontrarselo y como no tienen nada mejor que hacer en su vida, le encontrará algún hippie guarro que quiera adoptarlo cual hijo.
Esta primera opción tiene un riesgo. Estamos hablando de un perro de caza, acostumbrado a rastrear, a buscar, experto y experimentado en detectar olores a grandes distancias. Corremos el riesgo de que vuelva a casa guiada por su delicado sentido del olfato y orientación. Entonces...


  >  Matarlo. Y llegados a este macabro punto, nada sorprendente para una persona que en su tiempo libre ya se dedica a matar con la caza, también hay dos formas de hacerlo. Una forma rápida, que tampoco requiera perder mucho mi tiempo, que no me tenga que manchar las manos con su sangre, algo que pueda hacerlo e irme. 

Colgarlo de un árbol es una opción. Le ato una cuerda al cuello, paso la cuerda por encima de una rama de cualquier árbol, tiro fuerte, ato el otro cabo de la cuerda y me marcho. La cuerda y el árbol harán el trabajo por mi.
La última opción, la más degradante, miserable y humillante, propia de verdaderos psicópatas, de personas que necesitan expresar sus impulsos asesinos y destructivos contra algo y ese algo, DE MOMENTO, es un animal, ya que no tienen derechos ni protección, la ley no los ampara, puedo hacer lo que quiera con él y nadie me dirá nada. Ni una multa, ni un castigo y mucho menos la cárcel. Además, como lo dejaré tirado en cualquier cuneta y no tiene chip, jamás podrán demostrar que ese bicho era mío... 



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